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Informe Phoenix
Descripción: El surco llamado Snow White
Crédito: NASA/JPL-Caltech/University of Arizona/Texas A&M University
La sonda marciana Phoenix afronta la recta final de su misión. Finalizando ya la estación del verano, los científicos se apresuran para completar la máxima cantidad de experimentos y análisis, antes de que la disponibilidad eléctrica se reduzca demasiado.
(NC&T) Los investigadores que analizan los datos enviados por la nave siguen un tanto sorprendidos por el comportamiento de la humedad en la superficie del planeta. El vehículo dispone de una sonda de conductividad, diseñada para detectar dicha humedad en el suelo. Y de hecho, ésta ha comprobado que en la atmósfera los niveles de humedad suben y bajan constantemente, del 0 al 100 por ciento. No obstante, cuando la sonda es colocada en contacto con el suelo, éste se muestra extremadamente seco. Los científicos esperaban que el vapor de agua de la atmósfera de alguna manera influyera en la superficie, pero parece que no es así. En la Tierra, el vapor de agua se deposita en el permafrost helado y forma una película no congelada lo bastante gruesa como para poder soportar vida microbiana. Buscando algo parecido en Marte, y a pesar de que la sonda de conductividad puede detectar películas de agua de una sola molécula de espesor, los científicos no han conseguido su objetivo. La sonda sólo indica que el suelo es muy árido en la superficie. Esto es extraño, puesto que se sabe que hay hielo a unos 5 cm bajo él, y que las muestras de tierra capturadas muestran a menudo un comportamiento de cohesión que se reduce cuando se las expone al aire. Los investigadores piensan pues seguir usando la sonda de conductividad, pero introduciéndola a mayor profundidad y sobre suelo removido.
Mientras, imágenes de la zona inferior de la sonda Phoenix han permitido detectar una especie de grumos sobre la estructura de soporte de las patas del vehículo. Dichos grumos no eran visibles en fotografías anteriores. Para explicarlo, los científicos dicen que podría tratarse de salpicaduras de barro lanzadas al aire durante el funcionamiento del motor de aterrizaje, que podría haber fundido el hielo bajo el suelo. No habrían sido vistas antes debido a la iluminación. Otra posibilidad sería la caída de motas de sal que habrían atraído humedad atmosférica con el paso de los días, congelándose ésta en las bajas temperaturas.
La cuarta y última célula de análisis químico del instrumento MECA, a bordo de la sonda marciana Phoenix, será utilizada para examinar una muestra procedente del surco bautizado como Snow White. En ella, se mezclará la tierra de la superficie con agua purificada que se ha traído desde nuestro planeta, para identificar nutrientes solubles y otras sustancias. Por su parte, los últimos cuatro hornos del instrumento TEGA serán ocupados casi simultáneamente sin esperar los resultados de cada muestra. La razón de esta estrategia es que el verano en el hemisferio norte marciano está casi finalizando, y es necesario excavar y obtener las muestras mientras aún quede energía para mover el brazo robótico y su pala. Los paneles solares de la sonda cada vez producen menos electricidad, debido a que el Sol está menos tiempo por encima del horizonte. La producción de 3.500 vatios/hora diarios ha descendido hasta los 2.500.
Mientras se preparan los analizadores químicos para la última fase de la misión, otros instrumentos siguen trabajando, como es el caso de la cámara de a bordo. Gracias a sus imágenes, los científicos han podido identificar pequeños remolinos de polvo (hasta seis) en la distancia. Los sensores de presión atmosférica notaron asimismo una pequeña reducción cuando uno de ellos pasó cerca del vehículo. El fenómeno suele tener un diámetro de entre 2 y 5 metros.
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