Algunos animales con cubierta calcárea soportan mejor que otros la acidificación oceánica


Descripción: La concha de la izquierda fue expuesta a niveles actuales de CO2; la de la derecha fue expuesta a niveles superiores
Foto:Tom Kleindinst, Woods Hole Oceanographic Institution

A partir de un llamativo hallazgo que lanza nuevas preguntas sobre el impacto del dióxido de carbono (CO2) sobre la vida marina, un equipo de científicos del Instituto Oceanográfico de Woods Hole ha comprobado que algunas criaturas formadoras de caparazón, tales como cangrejos, langostas y langostinos, inesperadamente forman más cubierta cuando se exponen a la acidificación marina causada por niveles elevados de dióxido de carbono atmosférico.

(NC&T) Dado que una parte considerable del CO2 emitido a la atmósfera se disuelve en el océano, haciendo que éste se acidifique, la comunidad científica ha estado muy interesada en la capacidad que los organismos formadores de caparazones tienen de mantener la fortaleza de estos. Se sabe que el dióxido de carbono activa un proceso que reduce la abundancia de iones carbonato en el agua de mar, lo que implica una menor disponibilidad de uno de los materiales primarios que usan los organismos marinos para construir sus conchas y esqueletos de carbonato de calcio.

Existe una preocupación creciente al respecto debido a que ese proceso conducirá al debilitamiento y declive de los caparazones de algunas especies y, a largo plazo, trastornará el equilibrio del ecosistema oceánico.

Sin embargo, en el nuevo estudio, el equipo conducido por Justin B. Ries ha constatado que siete de las 18 especies provistas de caparazón que observaron formaron más cubierta cuando fueron expuestas a distintos niveles de aumento de acidificación. Esto podría deberse a que la cantidad total de carbono inorgánico disuelto disponible para esos animales en realidad aumenta cuando el mar se vuelve más ácido, aunque disminuya la concentración de iones carbonato.

En los experimentos, algunas de las criaturas, incluyendo la langosta, por ejemplo, no parecieron tener ningún problema con el CO2 hasta que su concentración superó el límite de aproximadamente 1.000 partes por millón (ppm). Los niveles de CO2 actuales son de alrededor de 380 ppm.

No se puede asumir, por tanto, que el aumento del CO2 cause un declive proporcional en la actividad calcificadora de todos los organismos de este tipo.

Los investigadores alertan, sin embargo, que lo descubierto en su estudio, y el impacto global de la acidificación, pueden ser más complejos de lo que parecen. Por ejemplo, la comida y los nutrientes disponibles, tales como nitratos, fosfatos e hierro, podrían contribuir a determinar cómo algunos organismos responden al dióxido de carbono.

Además, aunque algunos organismos tales como cangrejos y langostas parecen beneficiarse en condiciones de CO2 elevado, la energía que gastan en la formación de cubierta calcárea bajo estas condiciones puede ser desviada de otros procesos importantes como la reproducción o la generación de tejido.

Desde la revolución industrial, los niveles de dióxido de carbono atmosférico han aumentado de 280 a unas 380 ppm. Los modelos climáticos predicen niveles de 600 ppm en 100 años, y 900 ppm en 200 años.

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